
Reconocido como orden de gobierno, el municipio mexicano ha atravesado una serie de cambios que relativamente han pretendido homogeneizar su naturaleza. Pese a que los territorios mexicanos guardan diferencias substanciales y las sociedades y comunidades en ellos asentados han construido culturalmente formas de vida disímiles, los municipios mexicanos han tenido un tratamiento a tabla rasa, en el que las mismas obligaciones, las mismas atribuciones y las mismas potestades se han impuesto a los gobiernos municipales por igual. Este tratamiento homogéneo y homogeneizante lejos de alcanzar resultados similares ha tenido impactos diferenciados en los resultados mismos de las administraciones municipales y, por ende, en las condiciones de vida de sus habitantes.